lunes, marzo 19, 2007

Los juegos de la abuela de Andreea

Abuelo, abuela, y tu, a que jugabas?

Mi abuela se llama Elena Ignat y tiene setenta años mientras que yo me llamo Andreea Badea y solo tango diecisiete años. Durante su juventud trabajaba en la biblioteca nacional de Bucarest; se encargaba de la reception de los libros u sabia muchas cosas a proposito de esos. Estuve sorprendida de saber que cuando era nina mi abuela, que es una mujer muy feminina no solo jugaba con sus muñecas. Efectivamente, ella me conto que le gustaba muchisimo pasar tiempo con los muchachitos de su calle, para jugar con sus coches o sus pequeñas figurinas en hierro. Me conto que elle le encantaba a los muchachos que todos estaban enamorados de ella, y que ya no podian pensar en jugar juntos sin que ella estuviera con ellos. Las otras niñas estaban un poquito gelosas y hubieran querido estar en su lugar, pero ellas no podian hacer nada porque no les gustaban los juegos de muchachos.
A mi esta historia me encanto porque y me permitio de mirar a mi abuela de una otra manera. Pense tambien que, cuando tenia siete o ocho años, solo pensaba en volver en mi casa para hâbler con mis muñecas. Solo me gustaban las muñecas de madera, porque me paracia que tenian algo muy bonito en la expresion de ses caras. A mi madre le sorprendia mucho esta pasion que yo tenia por las muñecas hechas de madera, pero a mi padre le encantaba ofrecermelas y a menudo, volvia de su trabajo con uno o dos de estos objetos. Yo lo esperanto con una sonrisa en mi cara y con estrellas en la mirada, y recuerdo que cuando sacaba una de estas muñecas de su bolso me sentia muy contenta de tenerlo como padre. El leya cuentos a mis muñecas: sus preferidas eran las de Andersen o de los hermanos Grimm. A mi me gustaba espacialmente la de la Reina de la Nevera o la Caperucita roja, de Grimm. Siempre preguntaba a mi padre porque esta niña llevaba a comer a su abuelita en vez de juger con sus muñecas, y mi padre me contestaba: « Todos no tienen la oportunidad de tener muñecas de madera tan bellas como la tuya… »